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El metal y la corrosión en la industria y el patrimonio

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El metal es una materia viva… Salvo el oro puro, que se encuentra en la naturaleza en estado nativo, todos los metales proceden de la transformación de minerales. Transformados en productos semiacabados bajo la forma de lingotes, palanquillas, desbastes planos o de sección cuadrada, antes de convertirse en objetos o elementos estructurales, los metales obtenidos siempre querrán regresar a su estado natural de minerales (hidróxidos, óxidos, sulfuros, carbonatos, etc.). ¡Genio y figura hasta la sepultura!

Este proceso de “retorno al estado natural”, de metal a mineral, se llama corrosión. Etimológicamente, el término “corrosión” procede del verbo latino corrodere que significa la acción de roer. Hoy en día y según las normas en vigor, en especial la norma ISO 8044, la corrosión se define como la interacción físico-química entre un metal y su entorno que conlleva modificaciones en las propiedades del metal, pudiendo producirse degradaciones en sus funciones, en el medio que lo rodea o en el sistema técnico en el que está integrado.

El término corrosión agrupa una infinidad de mecanismos diferentes: corrosión uniforme, corrosión por aireación diferencial, corrosión galvánica, corrosión por picadura, bajo depósitos, corrosión cavernosa, corrosión por erosión, corrosión por cavitación, corrosión filiforme, corrosión localizada, etc.

Diagnosticar la corrosión de un sistema constituido por uno o varios metales y uno o varios entornos consiste en estudiar la naturaleza del o de los metales presentes y de los entornos que atraviesa(n).

Oficina de gestión de proyectos al mismo tiempo que laboratorio de conservación y de restauración, A-CORROS existe para ayudarle a diagnosticar e identificar las patologías, comprender los mecanismos que generan la corrosión para, a partir de ahí, hacer proposiciones para luchar contra ella.

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